Jamás olvidaré como ocurrió todo...; aunque a veces pienso que quizás todo sería mucho más fácil ahora, despojarme de aquellos recuerdos sería como arrancar una gran parte de mí...
Todo comenzó una mañana otoñal de noviembre, la lluvia empapaba mi cara y calaba mi ropa hasta helarme la sangre, caminaba lentamente para retrasar todo cuanto estaba en mi mano la llegada al instituto, no me apetecía mucho que la gente clavara sus estúpidas e hipócritas miradas en mí, después de la bronca monumental que acababa de tener con mi madre y mucho menos que empezara la rutina diaria de risas y burlas a mis espaldas. Mientras arrastraba los pies y daba bocados desganados a aquel bocadillo hecho a prisa, alguien me sujetó por el hombro, me sobresalté y acto seguido me di media vuelta para conocer la identidad de aquel individuo...
-Buenos días...
- ...Mmm, ¿hola?..., disculpame pero no te conozco de nada y tengo prisa, ¡adiós!
- Oye, no hay prisa...Es que soy nuevo por aquí... así que sino te importa...
Oh, claro...¿buscas el instituto?
Sí,... perdona, no me he presentado...soy Arex, y tú eres...¿Claudia?
Sí, así es... esto me inquieta un poco, no suelo encontrarme a gente desconocida que sepa mi nombre... Arex, ¿ése es tu nombre?, es extraño...
Sí, bueno... más que mi nombre, es simplemente un apodo...
Um... interesante.- dije mientras tiraba aquel asqueroso bocadillo en la papelera de la entrada del insti.
Y así fue cómo empezó todo... y cómo me fui enamorando perdidamente de él..., era perfecto para mí, comprendía todos mis problemas, me conocía más que yo misma y me hacía sentir única, cuando caminaba a mi lado, cuando me abrazaba, cuando me decía que jamás había encontrado a nadie como yo y cuando me juraba que estaría conmigo SIEMPRE.
Lo que yo sentía por él superaba las barreras de un enamoramiento quinceañero, sabía que si de mí dependiera la posibilidad de alargar su vida con la mía, la daría sin derramar una sola lágrima porque no podía pensar en una existencia sin él, sería como morir de la manera más angustiosa: lenta, dolorosa... Lo amaba por encima de todo y eso hizo que con el tiempo me fuera aferrando más y más a él, fui perdiendo los pocos amigos que tenía y la situación en mi casa iba cada vez peor. Pero nada importaba si estaba con él, pasé heladas nocturnas en un banco o bebiendo hasta perder el control sobre mí misma. Todos lo juzgaban a priori, como un chico conflictivo y me decían que no era conveniente que tuviera esa relación tan alocada y obsesiva con él. Según ellos, mi carácter estaba cambiando mucho y no para bien precisamente. Sinceramente, me daba igual lo que dijeran los demás, en la balanza pesaba más él. Sus continuos halagos a mi metamorfosis me sonrojaban:
Oye, estás preciosa, ¿te das cuenta que desde que estás conmigo tu belleza va en crescendo?
¿De verdad piensas eso?, gracias, veo que valoras mi esfuerzo, intento estarlo siempre.
Y así fueron pasando los días, las semanas, los meses e incluso los años... aquel amor me estaba matando, me estaba consumiendo... lo amaba, pero no aguantaba más, quería sacarlo de mi vida pero ese mismo deseo era el que despertaba aquel odio hacia mí misma...
Rompí todos los espejos que encontré a mi paso, todo porque no era capaz de aguantarle la mirada a aquel monstruo ojeroso y repugnante que aparecía ante mí... Derramé mares de lágrimas ardientes que quemaban desde la insuficiencia cada uno de los poros de mi piel, hasta el punto de acabar desgastándola con el tiempo...
Me sentía tan estúpida e impotente … ¿ cómo podía arrancar a alguien de mi vida, después de haberlo amado como lo había hecho? Reflexioné vagamente y llegué a la conclusión de que carecía de humanidad. YO era un monstruo despiadado, sin ira, sin rencor, sin amor, sin recuerdos, yo,frágil, sucia, impotente, nauseabunda...
Me estuve bombardeando durante horas, cuestionándome mi existencia hasta que en un ataque de histeria decidí acabar con todo... lo útltimo que pensé fue “Eres una estúpida cobarde,débil, no eres capaz de superar tus miedos “ y de repente mientras mi cuerpo iba perdiendo consciencia y la poca vida que todavía residía en él, escuché su voz... “¿Sabes?, me repugnas, mírate, estás enorme y débil, son sólo unos kilos lo que has perdido y no puedes mantenerte en pie, sin fuerzas, eso no es nada, estúpida”. Y ahí acabó todo...
Lo primero que oí después de todo eso fue un pitido, perteneciente a uno de los aparatejos a los que estaba enganchada, abrí los ojos y descubrí a mi madre dormida sobre mis piernas, en aquella blanca y cegadora habitación de hospital. Abrí lentamente mi mano izquierda y encontré un papelito que decía:
“La fuerza necesaria , reside en tu interior. Te quiere,
Mamá”
Esto me hizo darle muchas vueltas, mentiría si dijera que fue fácil salir de aquel abismo en el que se había convertido mi vida, tampoco fue fácil olvidarme de él... Permaneció en mí durante mucho tiempo, tanto tiempo... y así fue como lo conocí, así fue como conocí a Arex, Arex Anorexia.