Sweet serendipity

Hoy me han hecho una pregunta que jamás pensé que me harían y qué me ha hecho enormemente feliz:
"¿Por qué te ríes tanto?"
La verdad es que la mejor respuesta posible fue la que di en ese momento : una carcajada.
Sería difícil nombrar a todas las personas y cosas, que hoy consiguieron hacerme sonreír : Jesús con su música, Adri con su dulzura, Rubén con su risa eterna, Jorge con su cariño, Cati con su entrañable locura, Paulita y su adorable sensibilidad, David citando a "Garsilaso de la Vega", Pablo y sus ojitos preciosos, Jose y su preocupación, Jenny y su examen de lengua, Tania y su sonrisa ante la adversidad, Anto y Lara y sus explicaciones de francés, Julio y su "guichet" jefe de trenes, Pablo C. y su complicidad, Clara y su derroche de simpatía, Paula, la niña de mis ojos,  papá y sus lecciones de la vida, mamá y su beso cuando llega de trabajar, mi hermanito y su carita de tristeza que dan ganas de comérselo...Podría tirarme horas y horas describiendo lo que sois y lo que me habéis dado. Me he dejado a algunos atrás, pero también a vosotros os quiero con locura.
Lo que voy a decir ahora es importante : las lágrimas que caen por mis mejillas no me las estoy inventando ni son para que digáis "Oh, ¡qué mona!.
Espero que mañana llegue un día cargado de sonrisas como el de hoy.

Buenas noches a todos :)

No quiero ir al colegio mañana :(

Me da mucha pereza escribir lo siento, pero os debo por lo menos una canción. Y aquí os la dejo:
                              
Leed la letra y ya me diréis que os parece. Os quiero.

Mamá no quiero ir al colegio, porque hay gente y no es para mí,
Mamá no quiero levantarme, porque no me quiero morir,
Madre porque soy cobarde y mi intención es la de huir.

Mamá ya no quiero crecer, y ser adulto y trabajar,
Madre no debí comprometerme con la vida en general.

Mamá, no quiero trabajar,
Mamá, ni responsabilidad,
Mamá, no me quiero levantar.

Déjame, yo me quedo aquí a dormir
O convenceme en que todo me va a ir

Mamá no quiero esforzarme para a las chicas gustar
Mamá no quiero hacerme viejo y que no haya marcha atrás
Mamá yo no quiero ser valiente y poderme equivocar

Mamá, yo no quiero morir
Mamá, yo no quiero sufrir
Mamá, déjame dormir ya...

Déjame, yo me quedo aquí a dormir
O garantizame, que nunca me voy a morir




"Cerrado por derribo"

Los pilares de esto blog se caen a cachos, Miss Unknown está triste.
Quizá haya perdido la esencia o cada vez soy peor escribiendo; lo cierto es que mi única motivación se ha esfumado y era saber que me leíais. He decidido dejar esto, por lo menos por un tiempo.
Os quiere:
            
                      Miss-Unknown



Decir espera es un crimen,
decir mañana es igual que matar,
ayer de nada nos sirve,
las cicatrices no ayudan a andar.


Sólo morir permanece

como la más inmutable razón,
vivir es un accidente,
un ejercicio de gozo y dolor.



Que no, que no, que el pensamiento

no puede tomar asiento,
que el pensamiento es estar
siempre de paso, de paso, de paso...



Quien pone reglas al juego

se engaña si dice que es jugador,
lo que le mueve es el miedo
de que se sepa que nunca jugó.



La ciencia es una estrategia,

es una forma de atar la verdad
que es algo más que materia,
pues el misterio se oculta detrás.



Hay demasiados profetas,

profesionales de la libertad,
que hacen del aire, bandera,
pretexto inútil para respirar.



En una noche infinita

que va meciendo a este gran ataúd
donde olvidamos que el día
sólo es un punto, un punto de luz.

¡Tampoco es para tanto, sólo me gusta quejarme!

El golpe fue duro, pero, seguro que nadie se lo ha planteado como yo. Ahora puedo observar de cerca los colores de la aurora boreal y dibujarla sobre mi rodilla sin pasar frío.
Hoy me siento demasiado mayor, no sólo porque intento aparentar tener 45 años, sino porque extraño los pasos que daba hace unos días, cuando no me dolía todo.
Me falta la marca de los dientes de Shere Khan.



Ephímera, mi nube de papel mojado


Tras veintisiete años queriendo una, la conseguí.
Fui a Cloudland, la mejor tienda de la ciudad especializada en ellas. Era mi regalo de cumpleaños atrasado, el que me había hecho yo misma, creo que era la mejor manera de inaugurar mi apartamento.
Miré por el escaparate y la variedad de colores y tamaños me fascinó.
- ¿Qué es lo que está buscando usted exactamente?
- Pues... la verdad... algo que no se salga mucho de mi presupuesto jajaja.
- Bien. Sígame por aquí. Estas acaban de nacer hace muy poquito.
- Oh, son preciosas y adorables.
- Sí que lo son, nos cuesta mucho despedirnos de ellas jajaja. Todas estas tienen un precio parecido. Ahora le toca a usted elegir cuál es su favorita. Hasta ahora.
- ¡Hasta luego!
Pasaban los minutos y no sabía cuál elegir, todas eran muy bonitas y esponjosas.
Una de ellas me sonrío y su timidez la pintó rosada. Sí, era ella.
Pagué en caja con un billete de nostalgia y unas monedas de amargura. Ya era mía.
La llevé a casa colgada de un hilo, era pequeña y muy juguetona, tenía miedo a que se escapara. Tiré de ella para que bajara, quería abrazarla y lo hice.
- Supongo que ahora debo ponerte un nombre... pero no sé cuál.
Ella sonrío avergonzada y volvió a teñirse de rubíes.
- ¿Sabes? Creo que ya tengo un nombre para ti... ¡Ephímera! ¿Te gusta?
Ella asintió y me acarició vaporosa y volátil. Ascendió dejando la humedad adherida a mi piel.
Cuando llegamos a casa decidí instalarla en mi habitación, pero le dejaría libertad para entrar y salir cuando quisiera.
Por las mañanas adquiría el blanco más puro y junto al cielo pasaba por el amarillo, el naranja, el rojizo, el rosado, el violeta, el añil, la noche.
Un día Ephímera me desobedeció. Tenía visita y estábamos en el salón, Ephímera salió de mi habitación, quería que jugáramos a inundar las habitaciones y llenarlas con barcos de papel, pero aquel no era el momento.
Ephímera llegó al salón y empezó a llorar para jugar, yo me enfadé mucho con ella y le dije que se fuera, esta vez me obedeció pero a su vez ennegreció de furia y corrió a refugiarse en una esquina de mi dormitorio.
Cuando todos se fueron la llamé y la llamé, abrí la puerta, y lo que vi me partió el corazón. Ephímera lloraba y lloraba, era demasiado pequeña y no comprendía su error.
- Eh, Ephímera, no llores, te quiero mucho y no quise enfadarme de esa forma contigo. ¡¡Perdóname!!
Ephímera, siguió llorando, más que nunca en su corta vida, hasta que se consumió e inundó la habitación con su alma. Ephímera era agua que se había bebido mis barcos de papel. Mi querida nube de papel mojado.





Tras el besa principesa me fui a dormir. ¿A dormir? JÁ, ya me hubiera gustado. Morfeo me engañó como a una auténtica necia. Pero esto no quedará así, me las pagará. Bajo las sábanas eres inmortal, o eso creía yo. En la penumbra del comienzo de mi sueño, me encontraba tirada en el fango de la selva. Mover un sólo músculo suponía  estar más agobiada y  tener menos oxígeno, apenas podía respirar, la humedad era aplastante.
Empezaba a delirar, quería que todo lo que estaba a mi alrededor dejara de danzar, todos parecían tan contentos. El Sol, las nubes, las copas de los árboles, las lianas y los sonidos bailaban burlándose al compás de mis desvaríos. Eso empezaba a enfadarme.
Conseguí levantarme y me sostuve en el tronco de un viejo árbol. Todo seguía dándome vueltas y vueltas y vueltas y...
- ¡¡¡¡¡¡CORREEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!!!!!!
- ¡Seas quien seas, no obedezco órdenes, maleducado!
- ¡¡¡¡Estúpida niña, corre o morirás!!!!
- ¿Qué? - giré un poco la cabeza, y, efectivamente si no echaba a correr, mis tripas y mis entrañas serían simples juguetitos entre los dientes y garras de las alimañas. Morfeo me la había vuelto a jugar. Me encerró en la peor de las pesadillas y coló a Cronos, mi ferviente enemigo.
Gateé los primeros tres metros intentando incorporarme con torpeza. Era una rueda gigante de piedra, pero no llegaba a serlo tanto como Cronos. Él la empujaba, quería aplastarme, como hace la televisión con la cultura. En la roca estaban grabadas las infinitas unidades para medir el tiempo, y en el canto se visualizaba la sangre que anteriormente había corrido por la rueda.
El dios soltaba carcajadas ante mi pánico, sabía que me tenía en sus manos, pues era como una mariposa en un bote de cristal herméticamente cerrado. Sin aire, sin salida ,sin libertad. Destinada a una muerte segura y a la espera de que un verdugo llamado Tiempo, dejara de jugar con mi garganta entre sus manos y decidiera darme el "The End", sin palomitas y con toneladas de dolor.
La rueda me aplastó, sentí como todo mi cuerpo gemía con un aullido viscoso y agudo, que hacía daño sin llegar a imaginarlo. Me habían rasgado el alma en un segundo.
Quise experimentar la vida después de la muerte, pero me desperté empapada. Sudor y lágrimas y la fuerza de mi corazón retumbando en los oídos.

No, no llamé al psicoanalista, aquel día yo era psicoanalista de prestigio. Bueno... la verdad es que no hacía falta mucho título para darse cuenta de que estaba ... asustada, muy asustada, aco...( y lo que sigue) por el tiempo. Aterrorizada por lo abstracto, lo indefinido, lo inexacto y todo lo que ello conlleva. Todo pasa tan deprisa. Quisiera atrapar mi reflejo para vivir eternamente, pero acabaría muriendo de pena. Nadie tiene miedo a la muerte, es ley de vida. Yo no creo en eso, no morimos sólo por naturaleza y por ser animales, si no porque una vida eterna no tiene sentido si no estamos rodeados de los detalles que nos trajeron aquí. Aún así tengo miedo.

A veces pienso que todo el peso recae sobre mis hombros, no creo que estemos preparados para la sabiduría, somos una sociedad en decadencia. Soy consciente de ello, pero ¿acaso no es lo mismo ser conocedor que ignorante? No puedo cambiar el mundo en dos días, ni siquiera la idiotez de una sola persona.


"¿Soy una parte de la cura?

¿O soy una parte
de la enfermedad?"



He llegado hasta aquí, y me he dado cuenta de que no tiene sentido lo que he escrito. Tanto tiempo y futuro impredecible me han dejado aturdida. Por último, quería decir:
"Paren el mundo, que me bajo"

Simon&Garfunkel


Hola oscuridad, mi vieja amiga,
He venido a hablar contigo otra vez porque una visión vino arrastrándose suavemente
y  me dejó sus semillas mientras dormía. La visión que fue plantada en mi cerebro todavía permanece dentro de los sonidos del silencio.
En sueños caminé sola sin descanso por estrechas calles empedradas.
Bajo un haz de luz, me levanté el cuello al frío y la humedad y mis ojos fueron apuñalados por la luz de neón que resquebraja la noche y acaricia los sonidos del silencio.
En la luz desnuda ví diez mil personas, quizás más. Gente hablando sin conversar, gente oyendo sin escuchar, gente escribiendo canciones que las voces jamás compartirán. Y nadie osó molestar los sonidos del silencio.
'Tontos,' dije, 'no sabéis que el silencio es como el crecimiento de un cáncer, escuchad mis palabras que quizá puedan enseñaros, tomad mis brazos que quizá puedan alcanzaros. Pero mis palabras como silenciosas gotas de lluvia cayeron,
e hicieron eco en los pozos del silencio. La gente se inclinó y rezó al dios de neón que crearon. El cartel encendió su advertencia con las palabras que estaba formando.
Los carteles decían que las palabras de los profetas están escritas en las paredes del metro y en las vecindades.
Y murmuradas en los sonidos del silencio.