Tras el besa principesa me fui a dormir. ¿A dormir? JÁ, ya me hubiera gustado. Morfeo me engañó como a una auténtica necia. Pero esto no quedará así, me las pagará. Bajo las sábanas eres inmortal, o eso creía yo. En la penumbra del comienzo de mi sueño, me encontraba tirada en el fango de la selva. Mover un sólo músculo suponía estar más agobiada y tener menos oxígeno, apenas podía respirar, la humedad era aplastante.
Empezaba a delirar, quería que todo lo que estaba a mi alrededor dejara de danzar, todos parecían tan contentos. El Sol, las nubes, las copas de los árboles, las lianas y los sonidos bailaban burlándose al compás de mis desvaríos. Eso empezaba a enfadarme.
Conseguí levantarme y me sostuve en el tronco de un viejo árbol. Todo seguía dándome vueltas y vueltas y vueltas y...
- ¡¡¡¡¡¡CORREEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!!!!!!
- ¡Seas quien seas, no obedezco órdenes, maleducado!
- ¡¡¡¡Estúpida niña, corre o morirás!!!!
- ¿Qué? - giré un poco la cabeza, y, efectivamente si no echaba a correr, mis tripas y mis entrañas serían simples juguetitos entre los dientes y garras de las alimañas. Morfeo me la había vuelto a jugar. Me encerró en la peor de las pesadillas y coló a Cronos, mi ferviente enemigo.
Gateé los primeros tres metros intentando incorporarme con torpeza. Era una rueda gigante de piedra, pero no llegaba a serlo tanto como Cronos. Él la empujaba, quería aplastarme, como hace la televisión con la cultura. En la roca estaban grabadas las infinitas unidades para medir el tiempo, y en el canto se visualizaba la sangre que anteriormente había corrido por la rueda.
El dios soltaba carcajadas ante mi pánico, sabía que me tenía en sus manos, pues era como una mariposa en un bote de cristal herméticamente cerrado. Sin aire, sin salida ,sin libertad. Destinada a una muerte segura y a la espera de que un verdugo llamado Tiempo, dejara de jugar con mi garganta entre sus manos y decidiera darme el "The End", sin palomitas y con toneladas de dolor.
La rueda me aplastó, sentí como todo mi cuerpo gemía con un aullido viscoso y agudo, que hacía daño sin llegar a imaginarlo. Me habían rasgado el alma en un segundo.
Quise experimentar la vida después de la muerte, pero me desperté empapada. Sudor y lágrimas y la fuerza de mi corazón retumbando en los oídos.
No, no llamé al psicoanalista, aquel día yo era psicoanalista de prestigio. Bueno... la verdad es que no hacía falta mucho título para darse cuenta de que estaba ... asustada, muy asustada, aco...( y lo que sigue) por el tiempo. Aterrorizada por lo abstracto, lo indefinido, lo inexacto y todo lo que ello conlleva. Todo pasa tan deprisa. Quisiera atrapar mi reflejo para vivir eternamente, pero acabaría muriendo de pena. Nadie tiene miedo a la muerte, es ley de vida. Yo no creo en eso, no morimos sólo por naturaleza y por ser animales, si no porque una vida eterna no tiene sentido si no estamos rodeados de los detalles que nos trajeron aquí. Aún así tengo miedo.
A veces pienso que todo el peso recae sobre mis hombros, no creo que estemos preparados para la sabiduría, somos una sociedad en decadencia. Soy consciente de ello, pero ¿acaso no es lo mismo ser conocedor que ignorante? No puedo cambiar el mundo en dos días, ni siquiera la idiotez de una sola persona.
"¿Soy una parte de la cura?
¿O soy una parte
de la enfermedad?"
He llegado hasta aquí, y me he dado cuenta de que no tiene sentido lo que he escrito. Tanto tiempo y futuro impredecible me han dejado aturdida. Por último, quería decir:
"Paren el mundo, que me bajo"