Un poco de nada y más de lo mismo

Comer del fruto prohibido nos hace humanos pero nuestra religión no nos lo permite.
La sociedad se vuelve fría y reclama la humanización, pero no nos permite lo que nos hace humanos.
Si rechaza lo que nos hace humanos nos incita a ser divinos.
Si nos incita a ser divinos, nos insinúa la perfección del individuo.
Si nos insinúa la perfección del individuo, pensamos que somos dioses.
Si pensamos que somos dioses, pensamos que somos únicos.
Si pensamos que somos únicos, nos convertimos en monoteístas de nosotros mismos.
Si esto, ocurre, odiamos al prójimo.
Si odiamos al prójimo, nos odiamos a nosotros mismos.
Si odiamos al prójimo y a nosotros mismos...


WELCOME TO EARTH


Querido gusiluz atontado,




Cuando te encontré en los lúgubres suburbios de la ciudad, tu ternura me caló fuerte, tu tacto era como el de las ortigas del campo, urticante y delirante al mismo tiempo. La niña de trenzas doradas a la que perteneciste, cuando creció te trató muy mal, te arrancó los ojos y el corazón, y los sirvió como suculentas pastas, al resto de sus juguetes a la hora del te. Se te antojaba imposible que el dulzón aroma de su infancia pizpireta de tiaras de plástico y cetros de esmeraldas de cristal de botella, pudiera deshacerse de ti con la facilidad conque escogía el mantel de picnic de cuadritos para una cena romántica entre Barbie y Ken. Pero ocurrió. Y ahora plasmas tu miedo en mí, huyes de mis lágrimas y de mis miedos, porque no quieres que te utilice para hacer caldo.


 Cuando te prometí surcar los mares con mi humilde canoa remendada con sueños, firmaste la cláusula y aunque nunca pretendí hacerte daño, corrías el riesgo, de que entre mis arrumacos, mi tempestuoso carácter mareante te quemara la voz y te arrancara repentinamente la dicha con la sal de mis infinitas y espumosas lenguas de agua. Y ahora dime si entre tu sentimiento más bello de trapo y telarañas, ves mi rostro palpitando junto a tus metas de juguete desesperanzado. Soy un simple pirata que soportaría el más escabroso y enfurecido oleaje del embravecido mundo en que vivimos porque tu rostro iluminado cegara mi eterna y amarga noche oscura. Y aquí  yacen mi alma y mis suaves arrullos, hasta que despierten con la suave brisa de tus labios.


Ahora seguiré con mis obligaciones ficticias de responsabilidad endeble y quemada. 


Buenas noches, gusiluz atontado.





Cherry saboreaba con desdén el chicle mientras con desgana escupía sus ideas:
-Sí, es todo lo que hay que hacer para conseguir estar en boca de todos.
-¿Masticar un excéntrico chicle de cereza?
-Por supuesto, tía, piensa, ¿cuánta gente en el mundo saborea chicles de cereza? Sólo alguien como yo.
- ¿Estás loca?
- ¿Le llamas estar loca a esto? Mira el mundo que te rodea, la gente adquiere fama y dinero por la estupidez que la caracteriza. ¿Acaso no tiene más mérito masticar el excéntrico chicle de cereza que se encuentra en cualquier lado y que nadie compra, que salir en televisión diciendo que eres amante del Pedro Picapiedra? ¿De verdad lo crees? ¿Eh?
- No hace falta que te pongas así, ¿vale?
- Perdona, es que me altero al pensar en eso. ¿Quieres un chicle?
-No, no me gustan los de cereza.
- ¿¿¿Lo ves??? ¡¡Soy la única a la que le gustan los chicles de cereza!! ¿¿¿No debería eso catalogarme como celebridad o como diosa???
- No te flipes, anda, para eso tendrías que medir como el Himalaya y tener por lo menos algún gen de Afrodita. Lo tienes chungo y más teniendo el cuerpo tan agujereado y el pelo rosa.
- A eso es a lo que me refiero, pero no lo entiendes, tía, vanidad y superficialidad, así va el mundo. ¿Un chicle?
-No, ya te he dicho que no me gustan, y no, no tiene ningún mérito que te gusten.
- ¿¿¿Que no tiene ningún mérito,tía???, pero, ¿¿A ti qué te pasa, idiota??
- No, no tiene ningún mérito. Para empezar te llamas "Cherry", ¿por qué? Muy sencillo, cuando tu madre estaba embarazada de ti, le dio un brote psicótico de esos to chungos y se le piró la olla, empezó a tener antojos de cerezas, y se alimentó de ellas hasta el día que naciste, pintó toda la casa de ese color y... ¿qué has comido hoy?
- Pues...tarta de cerezas.
-¿Ves? Lo que te digo, llámame loca, si quieres.
- Oye, oye, que a mi vieja no le dio ningún brote de esos. ¿Un chicle?
- No, gracias. ¿Tienes fuego?