Cherry saboreaba con desdén el chicle mientras con desgana escupía sus ideas:
-Sí, es todo lo que hay que hacer para conseguir estar en boca de todos.
-¿Masticar un excéntrico chicle de cereza?
-Por supuesto, tía, piensa, ¿cuánta gente en el mundo saborea chicles de cereza? Sólo alguien como yo.
- ¿Estás loca?
- ¿Le llamas estar loca a esto? Mira el mundo que te rodea, la gente adquiere fama y dinero por la estupidez que la caracteriza. ¿Acaso no tiene más mérito masticar el excéntrico chicle de cereza que se encuentra en cualquier lado y que nadie compra, que salir en televisión diciendo que eres amante del Pedro Picapiedra? ¿De verdad lo crees? ¿Eh?
- No hace falta que te pongas así, ¿vale?
- Perdona, es que me altero al pensar en eso. ¿Quieres un chicle?
-No, no me gustan los de cereza.
- ¿¿¿Lo ves??? ¡¡Soy la única a la que le gustan los chicles de cereza!! ¿¿¿No debería eso catalogarme como celebridad o como diosa???
- No te flipes, anda, para eso tendrías que medir como el Himalaya y tener por lo menos algún gen de Afrodita. Lo tienes chungo y más teniendo el cuerpo tan agujereado y el pelo rosa.
- A eso es a lo que me refiero, pero no lo entiendes, tía, vanidad y superficialidad, así va el mundo. ¿Un chicle?
-No, ya te he dicho que no me gustan, y no, no tiene ningún mérito que te gusten.
- ¿¿¿Que no tiene ningún mérito,tía???, pero, ¿¿A ti qué te pasa, idiota??
- No, no tiene ningún mérito. Para empezar te llamas "Cherry", ¿por qué? Muy sencillo, cuando tu madre estaba embarazada de ti, le dio un brote psicótico de esos to chungos y se le piró la olla, empezó a tener antojos de cerezas, y se alimentó de ellas hasta el día que naciste, pintó toda la casa de ese color y... ¿qué has comido hoy?
- Pues...tarta de cerezas.
-¿Ves? Lo que te digo, llámame loca, si quieres.
- Oye, oye, que a mi vieja no le dio ningún brote de esos. ¿Un chicle?
- No, gracias. ¿Tienes fuego?