¡Tampoco es para tanto, sólo me gusta quejarme!

El golpe fue duro, pero, seguro que nadie se lo ha planteado como yo. Ahora puedo observar de cerca los colores de la aurora boreal y dibujarla sobre mi rodilla sin pasar frío.
Hoy me siento demasiado mayor, no sólo porque intento aparentar tener 45 años, sino porque extraño los pasos que daba hace unos días, cuando no me dolía todo.
Me falta la marca de los dientes de Shere Khan.



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