Hystérie


Era un lugar inhóspito y lúgubre. Horrible. Hacía años que nadie pasaba por allí, sólo los privilegiados con pases VIP, teníamos acceso a aquel rincón. Los latidos eran sordos, secos, estaba muy lejos de la realidad de fuera.
El volumen de mi voz aumentaba con la angustia, sólo quería salir de allí, de la claustrofobia, de la falta de aire.
Una mordaza inexistente impedía que mis labios pidieran ayuda, pero yo gritaba una y otra vez, inútil, estúpida, histérica.
Mis pupilas se dilataron al oír de nuevo su voz, sonaba distorsionada y diferente entre sus entrañas. Estaba recordando cómo llegar allí donde solíamos gritar.
Ahogué mis gritos en lágrimas de cocodrilo, y pensé por primera vez desde que desperté allí. "No sirve de nada gritar, estás dentro de él, de sus pensamientos, siente y piensa lo que quieras decir, pero no lo digas" :
" Hola, ahora no soy más que un puñado de cristales rotos para ti, me has encerrado en tu rincón del olvido, en la habitación de tu corazón opuesta a lo que te hace feliz. Comprendo que no quieras saber nada de mí, si fuera tú me odiaría, pero sé que tú eres mejor que eso. Ahora mismo mis fuerzas flaquean y la impotencia me puede, pero seguiré luchando por conseguir hacerme con una parte de tus recuerdos más felices."
Aquella voz distorsionada que daba palabras a sus pensamientos volvió a retumbar entre las paredes de su cuerpo y, ahora, temblorosa dijo:
TE ECHO DE MENOS

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