Comer del fruto prohibido nos hace humanos pero nuestra religión no nos lo permite.
La sociedad se vuelve fría y reclama la humanización, pero no nos permite lo que nos hace humanos.
Si rechaza lo que nos hace humanos nos incita a ser divinos.
Si nos incita a ser divinos, nos insinúa la perfección del individuo.
Si nos insinúa la perfección del individuo, pensamos que somos dioses.
Si pensamos que somos dioses, pensamos que somos únicos.
Si pensamos que somos únicos, nos convertimos en monoteístas de nosotros mismos.
Si esto, ocurre, odiamos al prójimo.
Si odiamos al prójimo, nos odiamos a nosotros mismos.
Si odiamos al prójimo y a nosotros mismos...
WELCOME TO EARTH

Lucía Santos | 5 de julio de 2011 a las 18:11
Es tuya esa reflexión? Me parece increíble, en serio, no podrías haber expresado mejor lo que pienso.
¡Es muy buena!