Una cucharada de imaginación a la tediosa rutina

Martes, 11/05/10, 14:15 h.
Salir resultaba tentador, observamos el escándalo que se había montado en unos instantes. Ella estaba distraída leyendo el periódico. La puerta estaba a tan sólo unos metros. Sí, era el momento perfecto. Sabíamos que aquello nos podría salir muy caro si nos pillaban, pero... ¿qué es una vida sin correr riesgos? Nos deslizamos por la puerta. Lo peor había pasado. Unas risillas nerviosas se nos escaparon, mientras decidiamos que lugar visitar en aquella escapada. No había mucho donde elegir, sólo largos pasillos, baños y escaleras. Las reocrrimos de arriba a abajo, escondiéndonos de cualquier persona/individuo que nos pudiera descubrir. Resultaba cómico el cantar y bailar por los pasillos, y sobretodo ver la cara de la otra cuando alguien aparecía. Todo dio un vuelco, cuando encima de una de las cajas hallamos varios objetos: un anillo, el envoltorio de un chicle y unos billetes de autobús esparcidos por el suelo... Por detrás de los billetes aparecía un número de teléfono, de una tal Elena... vaya parece que el tipo triunfó ese finde...mi compañera de aventuras guardó aquella información en uno de sus bolsillos, podría sernos útil todo aquello, puesto que sería una gran obra por nuestra parte devolvérselo a su dueño.Teníamos poca información:

*Tenía un anillo de chica (lo más lógico es que fuera a regalárselo a alguien)
*Le gustaban los chicles de fresa (por lo que quizá lo estuviera saboreando en aquel momento, pero no era una pista fiable, no nos ibamos a poner a pedir amablemente a todo transeúnte de por allí que nos deleitara con su aliento)
*Vivía cerca (lo sabemos por los billetes de autobús)

Nos recorrimos el edificio de una punta a la otra buscando cualquier pista que nos llevara a aquel tipo, fue entonces, cuando nos encontrábamos en el pasillo del laboratorio una nota con la lista de la compra ( que tenía la misma letra que el número de teléfono) y unos pasos más adelante restos de un cable... Descartamos la teoría de que eso último tuviera como utilidad la de herramienta suicida, por lo que decidimos seguir adelante. Un par de ojos inquietantes se posaron en nosotras, era demasiado tarde... nos habían pillado, o eso creíamos pues aquel hombre bajito de camiseta a rayas pasó olímpicamente de nuestra presencia. El tiempo se nos echaba encima, subimos a la última planta y regresamos a nuestro origen sin que ella despegase la mirada del periódico. Estuve luchando y peleando por desenredar mi mochila de la pata de la mesa, mis queridos compañeros la habían atado con un cable de ordenador. Ya, un poco mosca, bajé antes de que sonara la sirena, mi incondicional compañera seguía a mi lado, pensamos en ir a visitar a nuestro pequeño hermano adoptivo de 1º, pero ya se había largado. De repente avistamos a un señor cincuentón, parecía buscar algo mientras se atusaba la cabellera inexistente de su prominente y brillante calva, pobre, todavía no había conseguido asimilar el paso de los años... podría pertenecer a él todo aquel material, pero, ¿cómo lo sabíamos? Alguien o algo empezó a tirarme del brazo arrancándome de cuajo del suelo, ya estaba fuera cuando me fui a dar cuenta... estaba muy metida en todo eso,( me hubiera encantado encontrar a aquel señor), tanto, que empecé a rayar farolas con las llaves, mi compañera me advirtió, pero pasé un poco de lo que dijo y aquel comportamiento pareció también molestar a un desconocido de mirada familiar, que alabó con sarcasmo mi hazaña.
Sigo cavilando, ¿qué hubiera pasado si hubiera encontrado a aquel hombre?,¿quién sería? ¿sería el alopécico cincuentón?, ¿el bajito de la camiseta?, ¿o aquel graciosillo que comentó mi vandalismo? Dejaré de preguntarme tonterías, porque hoy me lo he pasado genial y ha sido un día...




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