-Dígame señor, ¿qué desea?
- Vengo a denunciar a Miguel de Cervantes Saavedra.
- Discúlpeme, pero no estamos para tonterías, aquí tenemos mucho trabajo y no es mi intención ofenderle, pero las bromas nos las tomamos con muy poco sentido del humor.
-No, es ninguna broma, hablo muy en serio, ese chupasangre robó mi obra.
- Señor, por favor, le pediría que se marchase.
- ¡Escúcheme! ¡El Quijote lo escribí yo!
-Sí, y yo viajé en el tiempo para crear en mi laboratorio a Albert Einstein y a los esposos Curie. Señor, si no abandona el despacho me veré en la obligación de llamar a seguridad.
- ¡Ese hombre es un impostor! ¡Ha plagiado mi gran obra! ¿Sabe usted lo que yo he llorado y lo que he sufrido por todo esto? Nadie ha reconocido mi grandeza como escritor, por culpa de esa sabandija, ¡que me la robó! ¡¡¡ME LA ROBÓ!!! ¡¡¡Ay, Dios, mío, qué tristeza más grande!!! Nadie recordará mi nombre, Don Eleuterio Diodoro Beremundo Pies Parlantes, autor de las aventuras de Don Quijote, el ingenioso hidalgo, fruto de mi prodigiosa mente. ¡¡¡Estoy destinado a morir desterrado de la cultura del Hombre!!!
-AMÉN.

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